Semmántica Jazzmantica, el equilibrio individual y colectivo en la gestión de cuentas 29 diciembre 2016 29-12-2016 Semmántica Hace unos meses que colaboro con Semmantica como consultor externo, apoyando la coordinación y gestión de los equipos de proyecto y la estrategia. Como agencia, nos hemos marcado en nuestra hoja de ruta estar un paso por delante de las necesidades de los clientes y esto exige una gestión efectiva de las cuentas. Dando vueltas a esta idea, pensaba en el equipo como una pequeña banda de jazz tocando en un club, Jazzmantica. Cada persona con nuestras habilidades instrumentales, diversas y a la vez complementarias. Capaces de tocar melodías que conocemos, pero con la intención de ser más flexibles para tocar melodías nuevas. Saber qué somos y qué queremos ser, para organizarnos y ayudarnos a conseguir mejores resultados. «Instruments» de Iseth, usada bajo licencia Creative Commons. Definir qué somos y qué jazz queremos tocar Una gestión eficaz siempre empieza por conocer los instrumentos con los que contamos, y qué tipo de música queremos hacer. Aquí las posibilidades son infinitas, pero no podemos alejarnos de qué tipos de proyectos trabajamos. Cada tipología de proyectos tiene unas necesidades concretas, y equivocarte en cómo gestionarlos puede hacerte perder mucho tiempo y atención. En nuestro caso, la tipología habitual se acerca a un proyecto progresivo. Aunque el cliente pueda tener unos objetivos que quiere conseguir, no solemos trabajar con resultados inicialmente acotados y definidos, y sin previsión de modificaciones sustanciales durante la ejecución. Por contra, nuestros proyectos habitualmente se alinean más con disponer una idea general de partida, que se va desarrollando y perfilando junto con el cliente durante la ejecución del proyecto. Es, por tanto, una gestión menos predictiva y mucho más evolutiva, como el jazz. Aquí no fabricamos piezas en serie, sino que tomamos muchas decisiones flexibles en base a información que analizamos, y que pueden acercarnos o alejarnos de nuestro objetivo. En el jazz no suelen usarse partituras, los músicos tocan sin una secuencia de acciones prefijadas. Tampoco nosotros las tenemos. La planificación es importante, pero no en el sentido de definir de forma rígida las instrucciones a seguir. Debemos pensar en el futuro, anticipar necesidades y ver cómo podrían cambiar. Complejidad e incertidumbre, es un trabajo más duro de lo que parece. La estrategia de negocio marca la dirección y las personas marcan el ritmo Sin duda, esa idea de partida es la estrategia de negocio que el cliente nos transfiere en las primeras reuniones. Aunque pueda parecer un trámite, ahí se concentra buena parte del éxito de una cuenta. Esa gestión evolutiva de proyectos necesita enfocar los retos de nivel superior en primer lugar, y trasladar esa incertidumbre a acciones con un acercamiento sistemático que nos ayude a imprimir velocidad sin perder calidad. El jazz empieza con un buen oído. Se trata de hacer un buen trabajo inicial de pre-lanzamiento y lanzamiento, afinando los instrumentos. Necesitamos descartar esas características superficiales con bajo valor pero amplias implicaciones, para centrarnos en los aspectos que aporten más valor a la estrategia del cliente. Por experiencia aprendes que algunas malas decisiones pueden ser una carga pesada en el medio y largo plazo. Y si la estrategia de negocio dirige la música, los gestores de cuenta marcan la cadencia. Deben estar equilibrados, con un ojo en el día a día de la cuenta y otro en que todo lo que hagamos esté alineado con la estrategia definida. Algo nada sencillo, dicho sea de paso. La “música” florece en esa flexibilidad, en saber adaptarnos a los cambios que vienen y, sobre todo, desarrollar la capacidad para escuchar a los demás músicos. También florece si sabemos encontrar oportunidades que no sean evidentes. Miles Davis decía que, para improvisar, escuchaba lo que todos estaban tocando y él añadía lo que faltaba. Aunque pueda parecer que este sector requiere solo de buenos músicos, de técnicos con un amplio conocimiento de metodologías de optimización y conversión, eso debe complementarse con saber acompañarnos. Entender las dinámicas del grupo y aprovecharlas para conseguir mejores resultados. Equilibrar la estructura del grupo y la expresión individual. Ser conscientes de estas conexiones y relaciones humanas es una manera de asegurar un ritmo más adecuado. Ahí la confianza sigue siendo la pieza clave para que la banda se acompañe. Confianza de cada persona en sí misma, pero también en el resto de miembros del grupo. Hay que seguir apostando porque cada persona proponga y se desarrolle como músico, que sean dueños de las iniciativas y sus resultados. Y conseguir que nadie tenga miedo a equivocarse, porque el grupo siempre estará ahí cuando me equivoque. Como músicos, nuestro objetivo es acompañarnos para llevar esa música a la máxima expresión. Ahí seguimos intentando mejorar cada día. Compártelo Los comentarios están cerrados.
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